Johan Laarberg, fundador y propietario de Holland House of Hemp describe cómo llegó a la decisión de querer compartir con la humanidad sus experiencias personales con el aceite CBDA.
Hace más de 6 meses, me embarqué en la aventura de Holland House of Hemp. No creo en las coincidencias y cuando miro hacia atrás y veo el camino que he recorrido hasta ahora, esas piezas del puzzle encajan a la perfección. Mi formación es lo que podríamos llamar bastante amplia. De mí no se pueden esperar diplomas, pero en la escuela de la vida estuve en primera línea. Lo asimilé todo al máximo y sigo haciéndolo. En cuanto a la experiencia (laboral), tengo formación en servicios financieros y marketing. En 2008 dejé de trabajar para una empresa y monté mi propio negocio. En paneles solares, claro. Hoy en día es un tema de conversación de lo más normal, pero hace 14 años ciertamente no lo era y entraba en juego el poder comercial puro y duro. Cuando llegó una oferta que no podía dejar pasar, transferí las acciones. Sin embargo, al cabo de tres meses me aburrí, pero ¿qué se puede hacer?
Como bon vivant, me lo tomo con liberalidad en la vida y eso también se traduce en diversas molestias físicas. Os ahorraré la serie de síntomas pero hasta 2021, ninguno de los fármacos me hizo efecto y me quedé con una operación en la que tenía un 70% de posibilidades de acabar en una silla de ruedas. Fue entonces cuando un buen amigo me recomendó el aceite de CBD. De hecho, para complacerle a él en particular, empecé con un biberón. Al cabo de 3 semanas, mi compañero notó mejoras en mi forma de andar y también experimenté menos síntomas de dolor. El filo había desaparecido, pero buena parte de las molestias permanecían.
Después de años en los que los médicos me decían que no podían hacer nada y que tenía que aprender a vivir con ello, esta experiencia fue bastante chocante. Esto es de lo que quería saber más. Esa investigación me llevó al aceite CBDA. Lo utilicé por primera vez en mí y en mi pareja, que padece fibromialgia. En seis meses se nos ha abierto un mundo y no quiero quedármelo sólo para mí, sino compartirlo con el mayor número de personas posible. En efecto, este producto de alta calidad procedente de la planta del cáñamo aporta mucho más de lo que estamos acostumbrados hasta ahora, es increíble.
Ahí están las piezas del rompecabezas del empresario con red y poder comercial que da con un producto casi milagroso. Con esa combinación, espero poder llegar a mucha gente y que, como yo y otros 100.000 a estas alturas, puedan experimentar los efectos de la CBDA.